En medio del mundo, como la Sagrada Familia

Jesús el carpintero
Benedicto XVI dice que ser laico es “la forma normal de ser cristiano; la forma normal de vivir el Evangelio en este mundo y de abordar las cuestiones cotidianas del mundo. Abarcar y transformar el mundo con el cristianismo, he aquí el auténtico apostolado de los seglares” (Dios y el mundo, 368).
A eso le llamamos secularidad, que es vivir en el mundo, en “el siglo”.
Somos un ser humano más y por eso podemos ir santificando las realidades del mundo para llevarlas a Dios. No nos distinguimos de nuestros contemporáneos en nada, salvo por evitar lo que nos aleje de la senda mostrada por Jesús con su vida y enseñanzas custodiadas por la Iglesia en el Depósito de la Fe. Hay modos de “estar en el mundo sin ser mundanos”.
Este rasgo es característico del Opus Dei, y ha aparecido así desde los primeros estatutos. Ésto fue considerado muy novedoso en la época fundacional, tanto, que fue muy incomprendido en los comienzos, pero en estricto rigor no era novedad, sino sacar del olvido lo que era la Iglesia en los primeros siglos que, igual que nosotros, eran laicos corrientes en el medio de su mundo; hacían sus trabajos y vivían su estado de vida normal como cualquier persona de su tiempo.
Pensemos nada más que Jesús, José y María fueron laicos del pueblo de Israel……
Marita






Gracias Marita por esta reflexión, que es la llamada a la santidad en la vida ordinaria, el quicio donde se sustenta el cristiano de a pie para encontrar y seguir a Cristo.
O le encontramos en medio de nuestras ocupaciones diarias, o no le encontraremos nunca.
Disculpa mi ausencia pero he tenido que atender unos asuntos que me tienen poco disponible en red.
Mañana comento más sobre este tema, que es vital para entender que amar a Dios es poner cariño y servicio en el quehacer diario, en las relaciones de amistad, de familia, sociales…
Gracias
Da no-sé-qué hacer comparaciones con lo más sagrado que tenemos, ¡pero es verdad! todavía recuerdo la vez que me hicieron ver lo obvio: que santa María era laica, dueña de casa como nosotras. Sí, como siempre se la representa con mantos un poco como las religiosas de las iconocgrafías clásicas, uno se queda con esa idea en forma inconsciente, me parece.
Marita
LLevas toda la razón. Yo me recuerdo a mí misma muchas, muchísimas veces, que la Virgen es una mujer como yo-entiendase-y que desarrolló un trabajo, que hizo apostolado con los amigos, con los vecinos, que sufrió, que no entendió, que obedeció.
Y no te cuento, cuando pienso en San José, un hombre que sí tuvo pecado original-a diferencia de María-y le veo tan hombre y tan santo y tan en el mundo, que me emociona mucho.
Tinta