Te Deum por los 81

Escribo este texto el día en que se cumple un año más desde aquel dichoso día en que Dios le hizo ver a san Josemaría Escrivá la obra que quería que comenzara ese joven de 26 años y que sólo contaba con su juventud, gracia de Dios y buen humor.
Como supernumeraria de lo que luego pasó a llamarse Opus Dei (Obra de Dios) pues “la criatura” debía tener nombre, estoy de fiesta y es tradicional que la celebremos en Casa rezando el tradicional Te Deum.
Es una acción de gracias muy antigua, y vamos alabando todo de éste modo:
“A Ti, oh Dios, te alabamos, a Tí, Señor, te reconocemos.
A Ti, eterno Padre, te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo.
Los cielos y la tierra están llenos de la majestad de tu gloria.
A Ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles, la multitud admirable de los profetas, el blanco ejército de los mártires.
A Ti la Iglesia santa, extendida por toda la tierra, te aclama:
Padre de inmensa majestad, Hijo único y verdadero, digno de adoración, Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo. Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre, aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte, abriste a los creyentes el reino del cielo.
Tú te sientas a la derecha de Dios en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Pero como es propio de la condición humana, cuando estamos tan bien alabando al Señor por todos sus beneficios, ¡nos ponemos a pedir del modo más sinvergüenza! “santa desvergüenza” diría nuestro Fundador, así:
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos, a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor, y bendice tu heredad.
Sé su pastor y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos y alabamos tu nombre para siempre, por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de Tí.
En Ti, Señor, confié, no me veré defraudado para siempre.
Yo soy madre, y Dios es Padre, y creo que Él debe estar muy feliz de que sus hijos le saquemos los “caramelos del bolsillo”, como decía nuestro padre Josemaría.
Marita





